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De niña solía darle un beso a mi padre mientras dormía, el sabia cuando yo me acercaba para hacerlo, lo veía en su sonrisa mientras fingía que seguía dormido, yo le daba un beso y corría.
Mi infancia con mi padre fue dura, sencilla, aventurera (para mi) y feliz, aun teniendo poco que ofrecerme para mi era suficiente. Recuerdo cuando me ponía a leer en voz alta para que mejorara mi dicción, recuerdo que me dio premios por tener buenas calificaciones, recuerdo ir con el a la iglesia de la ciudad una en particular grande y antigua, la mas importante del Casco Antiguo de Panamá "la catedral" después que terminaba la misa nos íbamos a la cafetería donde regalaban pan blanco y chocolate caliente, para mi era el cielo comer eso, luego de eso caminábamos cerca del lugar y a veces bajábamos a la playa y caminábamos por las rocas, ahora de adulta creo que le reconfortaba ver el mar de cerca.
Mi padre nació en un pueblo costero, pero pasaba mas tiempo en las montañas donde nació, en una casa de quincha (casa de barro) la partera fue una de sus bisabuelas, nació en un hogar humilde donde iba a sufrir, no de hambre, sino de una violencia imparable por parte de su padre, el cual estaba ansioso de recibir su primer hijo varón, hijo al cual reprimió y violento por largos años.
Pocas personas se ponen hablar de su infancia sufrida, no quieren recordar, pero tampoco pueden olvidar.
A veces siento su dolor, su angustia, me duele verlo a sus 62 años sufriendo por lo que vivió de niño, cosas que lo hicieron inestable en su vida adulta. Gran parte de mi infancia vi a mi padre postrado en una cama con dolor de cabeza, sufría de dolores que no se le quitaban, poco hablaba y poco interactuaba conmigo y con mis hermanas ya cuando éramos adolescentes, para mis hermanas fue como un padre ausente, pero para mi el seguía siendo el padre que me amaba.
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